Por Cecilia Figueroa, directora de Comunicaciones, Marketing y Comunidades de IncubaUdeC
El liderazgo de Natalia se caracteriza por la empatía, la sensibilidad y la convicción. Desde su rol como CEO, ha impulsado la identidad de la marca, su narrativa de impacto y la estrategia de internacionalización, demostrando que las mujeres pueden ser agentes de cambio en industrias tradicionalmente masculinas.
En un mundo donde la sostenibilidad dejó de ser una opción para convertirse en una necesidad, una emprendedora penquista, parte de la primera generación del programa Fueling the Change, está marcando un hito en la industria con T-wax, una propuesta que combina innovación, propósito y liderazgo.
Este emprendimiento, nacido en las olas del Pacífico, busca resolver una contradicción histórica: las ceras tradicionales para tablas de surf, elaboradas con derivados del petróleo, contaminan más de 7.600 millones de litros de agua cada año. T-wax surge como respuesta a este problema, ofreciendo ceras 100% naturales, libres de parafina y validadas por surfistas profesionales en países como Brasil, EE.UU., El Salvador y Perú. Más que un producto, T-wax es una marca con alma, que educa, construye comunidad y protege el océano.
La historia detrás del emprendimiento
T-wax nace de un propósito claro: proteger el océano, educar y construir comunidad. Su propuesta de valor combina sustentabilidad real con una narrativa de impacto auténtica y un desarrollo técnico sólido, respaldado por un proceso de mejora continua. Cada cera está diseñada para garantizar adherencia, duración y facilidad de aplicación, demostrando que la innovación puede ir de la mano con el respeto por la naturaleza.
Todo comenzó cuando Natalia Velasco y Matías González, en medio de sus sesiones de surf, se dieron cuenta de la cantidad de cera que usaban y descubrieron que sus ingredientes eran tóxicos. “Nos golpeó fuerte. No existía una alternativa realmente sustentable en el mercado, así que un día nos miramos y decidimos crearla nosotros mismos”, recuerda Natalia. Así nació T-wax: de una mezcla de amor por el surf, preocupación ambiental y la convicción de que, aunque fuera un aporte pequeño, podían generar un cambio real.
El camino hacia la internacionalización
A lo largo de su camino, T-wax ha logrado hitos que inspiran: conquistar la confianza de Patagonia Chile, evitar la contaminación de más de 140.000 litros de agua, ganar el fondo Corfo Semilla Expande, obtener el segundo lugar en Startup Biobío, y brillar en Estados Unidos con el primer lugar en el Demo Day Made by Chileans, organizado por ProChile en Miami.

Esta gira reciente por Estados Unidos, les permitió conectar con expertos internacionales en sostenibilidad, escalamiento y acceso a mercados, y permitió a T-wax fortalecer su plan de internacionalización, abrir redes en Nueva York y Miami, y confirmar que su propuesta tiene potencial global.
“El ecosistema estadounidense es brutalmente directo, generoso y rápido. En pocas reuniones te entregan feedback accionable que te hace replantearte todo. Hay una cultura de colaboración real, más apertura a escuchar proyectos y un foco fuerte en escala. En Chile hay talento enorme, pero la velocidad y profundidad con que se conversa afuera marca una diferencia clara”, comentó Natalia.
Innovación con sello cleantech
Natalia conoció Fueling the Change gracias a IncubaUdeC y se sintió atraída por su enfoque en impacto e internacionalización: “Nos motivó que fuera un programa diseñado para escalar soluciones con propósito. Participar nos permitió validar nuestro conocimiento y confirmar que estamos avanzando en la dirección correcta”, afirma.
Con iniciativas como T-wax, Chile se posiciona como un referente en cleantech y economía circular, demostrando que el liderazgo femenino es clave para impulsar soluciones que transformen industrias y protejan el planeta.
“Nuestro objetivo es claro: cuidar las olas, proteger el océano e inspirar una forma más consciente de disfrutarlo. Twax no es solo una cera, es una marca diseñada para generar impacto real”, agrega Natalia.
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